Sobre los extravertidos
modelos del mundo físico,
un soplo que deseche las jergas,
la rutina de establecer conexiones,
analogías, enfrentamientos
entre entidades distintas,
taza y cama,
flor y ojo, coles y reyes,
y diferencias
entre similares, entre porotos
de una misma vaina,
y forzándonos a ir
más allá delplacer de inhalar
y exhalar voces como acordes,
melodías del sentimiento interior,
en imágenes como cuadros,
cuadros como acciones contra objetos,
sonidos como manchas,
signo y gesto
en el que gustariamos el secreto
vocabulario de cada experiencia,
la gramática
de tomar una piedra, pesarla,
medirla, arrojarla,
o tallar en ella,
y la intuición
de cómo el que pesa, arroja, mide la piedra,
puede euivocarse, suele errar
y yerra con frecuencia,
suele
transformar y expresar la piedra
en una mentira.
Alberto Girri (1919-1991) poeta argentino - De "Antología temática" (1969) Selección y prólogo Enrique Pezzoni
"creo no equivocarme otra vez/ caer en esas desagradables torpezas/ decir lo que ocurrió." Francisco Urondo
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domingo, 29 de enero de 2012
lunes, 8 de agosto de 2011
PREGUNTARSE, CADA TANTO
Qué hacer
del viejo yo lírico, errático estimulo,
al ir avecinándonos a la fase
de los silencios, la de no desear
ante cada impresión que hierve,
y en fuerza de su hervir reclama
exaltación, su canto.
Cómo para entonces,
persuadirlo a que reconozca
nuestra apatía, convertidas
en reminiscencias de oficios inútiles
sus constantes más íntimas, sustitutivas
de la acción, sentimiento, la fe:
su desafío
a que conjuremos nuestras nadas
con signos sonoros que por los oídos andan
sin dueño, como rodando, disponibles
y expectantes,
ignorantes
de sus pautas de significados,
de dónde obtenerlas;
y en su persistencia, insaciable
para adherírsenos, un yo
instalado en otro yo, vigilando
por encima de nuestro hombro
qué garabateamos;
y en su prédica
de que mediante él hagamos
florecer tanto melodía cuanto gozosa
emulación de la única escritura
nunca rehecha por nadie,
la de Aquel
que escribió en la arena, ganada
por el viento, embrujante poesía
de lo eternamente indescifrable.
Preguntárnoslo, toda vez
que nos encerremos en la expresión
idiota del que no atina a consolarse
de la infructuosidad de la poesía
como vehículo de seducción, corrupción
y cada vez
que se nos recuerde que el verdadero
hacedor de poemas execra la poesía,
que el autentico realizador
de cualquier cosa detesta esa cosa.
De "Quien habla no está muerto"- Obra Poética III Corregidor (1980)
del viejo yo lírico, errático estimulo,
al ir avecinándonos a la fase
de los silencios, la de no desear
ante cada impresión que hierve,
y en fuerza de su hervir reclama
exaltación, su canto.
Cómo para entonces,
persuadirlo a que reconozca
nuestra apatía, convertidas
en reminiscencias de oficios inútiles
sus constantes más íntimas, sustitutivas
de la acción, sentimiento, la fe:
su desafío
a que conjuremos nuestras nadas
con signos sonoros que por los oídos andan
sin dueño, como rodando, disponibles
y expectantes,
ignorantes
de sus pautas de significados,
de dónde obtenerlas;
y en su persistencia, insaciable
para adherírsenos, un yo
instalado en otro yo, vigilando
por encima de nuestro hombro
qué garabateamos;
y en su prédica
de que mediante él hagamos
florecer tanto melodía cuanto gozosa
emulación de la única escritura
nunca rehecha por nadie,
la de Aquel
que escribió en la arena, ganada
por el viento, embrujante poesía
de lo eternamente indescifrable.
Preguntárnoslo, toda vez
que nos encerremos en la expresión
idiota del que no atina a consolarse
de la infructuosidad de la poesía
como vehículo de seducción, corrupción
y cada vez
que se nos recuerde que el verdadero
hacedor de poemas execra la poesía,
que el autentico realizador
de cualquier cosa detesta esa cosa.
De "Quien habla no está muerto"- Obra Poética III Corregidor (1980)
sábado, 19 de marzo de 2011
LA AFRIMACIÓN ¿DÓNDE?
Dónde
la sana,
y dónde la que fluye
sin asidero
dónde la de irresistible,
práctica determinación
estipulando:
creer
es afirmar.
Dónde, extremo, sumo, mucho,
el ratificar que nuestras
tentativas de concordia
ocularmente solo sirven
a propósitos de apartarnos,
desunirnos.
Dónde la escrita,
el asentar cuando obramos
para a nosotros mismos
aconsejarnos:
Errará su blanco
quien dispare sin haber antes
elegido su proyectil:
la bala
con su nombre
y por la que aun descuidado
de tomar puntería acertará.
Dónde
la impetuosa, aceleración
afirmativa manteniendo
y consolidando violencias;
dónde
la persuasoria, mansa
y generosamente en contra
de los tal vez, acaso,
quizás, reticencias.
Dónde los enuciados
de aquella tan básica, honesta y simple,
la diaria conformidad
de cada cual, ajena a ceremonias,
sin formalismos,
y dónde
la afirmación en proceso, dialécticas,
que ocupan los vinculos personales,
y dónde
la que no beneficia en especial
ningún territorio, el de otros
o el nuestro.
Dónde
una cuya virtud operatoria
pudiera ser llamada afirmación
como dedo de Dios, señaladora,
lengua de fuego posándose en todo,
agua de vida al alcance constante
del que tenga sed, se acerque y beba.
Alberto Girri, Poeta (1911-1991); de " Árbol de la estirpe humana" (1978) Obra poética III -Corregidor 1980
la sana,
y dónde la que fluye
sin asidero
dónde la de irresistible,
práctica determinación
estipulando:
creer
es afirmar.
Dónde, extremo, sumo, mucho,
el ratificar que nuestras
tentativas de concordia
ocularmente solo sirven
a propósitos de apartarnos,
desunirnos.
Dónde la escrita,
el asentar cuando obramos
para a nosotros mismos
aconsejarnos:
Errará su blanco
quien dispare sin haber antes
elegido su proyectil:
la bala
con su nombre
y por la que aun descuidado
de tomar puntería acertará.
Dónde
la impetuosa, aceleración
afirmativa manteniendo
y consolidando violencias;
dónde
la persuasoria, mansa
y generosamente en contra
de los tal vez, acaso,
quizás, reticencias.
Dónde los enuciados
de aquella tan básica, honesta y simple,
la diaria conformidad
de cada cual, ajena a ceremonias,
sin formalismos,
y dónde
la afirmación en proceso, dialécticas,
que ocupan los vinculos personales,
y dónde
la que no beneficia en especial
ningún territorio, el de otros
o el nuestro.
Dónde
una cuya virtud operatoria
pudiera ser llamada afirmación
como dedo de Dios, señaladora,
lengua de fuego posándose en todo,
agua de vida al alcance constante
del que tenga sed, se acerque y beba.
Alberto Girri, Poeta (1911-1991); de " Árbol de la estirpe humana" (1978) Obra poética III -Corregidor 1980
sábado, 12 de junio de 2010
Doctrinarios
Aunque olfatean
(Wittgenstein mediante),
que la seguridad de que el sol
fatalmente saldrá mañana
suena a pura hipótesis
y ligereza, osadía,
concluir de los hechos presentes
acontecimientos del porvenir,
ninguno de ellos se inmuta, desanima,
y como un ritual persisten en ofrendarnos
su esforzado examen, la misión
de embaucar a nuestro estómago
con que hasta la extinción de los siglos
habrá de fecundar las artes
aquel sarcasmo, imbatible,
de que los pobres son más interesantes
que los ricos.
Alberto Girri (1919-1991) poeta argentino - De "Poesía de Observación-1973"- Obra Poética III, Ed. Corregidor -1980
(Wittgenstein mediante),
que la seguridad de que el sol
fatalmente saldrá mañana
suena a pura hipótesis
y ligereza, osadía,
concluir de los hechos presentes
acontecimientos del porvenir,
ninguno de ellos se inmuta, desanima,
y como un ritual persisten en ofrendarnos
su esforzado examen, la misión
de embaucar a nuestro estómago
con que hasta la extinción de los siglos
habrá de fecundar las artes
aquel sarcasmo, imbatible,
de que los pobres son más interesantes
que los ricos.
Alberto Girri (1919-1991) poeta argentino - De "Poesía de Observación-1973"- Obra Poética III, Ed. Corregidor -1980
domingo, 21 de febrero de 2010
Estimar según otros ojos

Mientras Flaubert
presumio vaticinar para el arte
un pórvenir científico,
Nietzsche, a su vez,
presagiaba que la ciencia
desembocaría en el arte,
forzada, remedio último.
Ninguno acertó. Hubo que aguardar
por los que programarón que al llegar
el artista a los confines de su campo
se mordería la propia cola,
sometido a entrar en la historia
no por lo que es sino como documento.
Y dierón en el blanco. Divulgóse
desde entonces que el arte es arte
en tanto se alce en contra del arte,
y que la estética, desinteresada
de su viejo problema madre,
lo bello y su esencia,
tiene que limitarse ahora a rogar
que no experimentemos,
que solamente juguemos.
Melancólico devenir, si se piensa
cuánto de incitante e inocuo
resultaba,en suma,
discutir de la belleza.
Alberto Girri (1919-1991) de "Diario de un libro" (1972) Obra poética III -Ed. Corregidor
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