jueves, 18 de abril de 2013

***


El año siempre es significativo
cuando la memoria es pareja.

En enero del `78 tengo 7 años
una tendencia hacia los lugares altos
y una mirada ensimismada por las panorámicas
que se dejan notar.

Decir que algunas cosas
generan tendencias
o explicaciones
es apropiado
también que no es suficiente ver sonreír.

La cuestión es que el verano
no prometía nada
y en marzo debo rendir lectura.

Jamás fui un alumno ejemplar.
Siempre estoy cerca de lo posible
en la urgencia.

El contacto cotidiano con una persona querida
y un problema
tiene un solo camino que transitar.

Silvia era el nombre de una preferencia
para mi madre
todo se reducía
a una cuestión de temperamentos
algo del orden de las afinidades.

Cada vez
que los signos de la época
me interpelan
entiendo una paciencia
y vuelvo por mí
me paseo en su sonrisa
que nace de mi torpeza
al responder si pensar.

-su sonrisa doblego una resistencia-

El año escolar  
encuentra
que ya empiezo a  ponderar
lo mecánico de lo elusivo
aprendiendo a leer.

domingo, 24 de marzo de 2013

Un silencio casi sabio

Mansilla, Ballina y yo 

Si alguien hubiera dicho 
no tienen en donde caerse muertos 
no hubiese estado del todo equivocado. 
Nuestra única riqueza era la leña ardiendo 
y la música de la carne y las ensaladas
en las manos hospitalarias del amigo. 
El resto, apenas nuestras camisas cada vez más viejas 
y algunos ademanes sinceros 
que la vida entre escombros no pudo apagarnos. 
Aquellas palabras, aquellas pocas convicciones 
y aquellas dudas que supieron hermanarnos
volvían otra vez por nosotros 
en una marea nueva de aliento inesperado. 
Por último el largo vino 
que nos derrumbaba dulcemente 
mientras un silencio casi sabio 
nos hacía creer que habíamos crecido por dentro 
y que la amistad era tan posible 
como ese fuego que condescendía a alumbrarnos.

Cuaderno escolar 

1956 es un año que se repite en los márgenes. 
Hay arañas inocentes dudando en la caligrafía.
Hay temas demasiados áridos como para que aquel cachorro 
de perro o hacedor de versos 
les encontrara algún sentido. 
Pero al abrirlo y sentir el olor a tinta apagada, 
cerrando los ojos me he vuelto  a ver 
en el patio modesto, de pie 
junto a la silla de mi madre.
Ella tratando de enseñarme a dividir. 
Yo comenzando a llorar porque no entiendo.


Nestor Mux, poeta argentino (1945)- En "Poemas - 1985" -  De "Poesía reunida" - Ediciones al margen (2000)


jueves, 14 de marzo de 2013

Lo que guarda el mundo

Sin tus iniciales 

Sin ganas de vivir 
de esperar tu muerte en la cocina 
con los autos corriendo afuera 
pero sin perder 
a tu perra jugando en el patio 
la risa de los años ochenta 
y el abrazo de tu vieja aunque ya esté muerta 
Así te conocí 
con los ojos partidos 
y una mano colgada de un hilo  que tironeaba la muerte 
Con tu amor utópico abollado en las botas
y el pantalón abierto al cambio efectivo 
La radio susurraba desde el bolsillo de tu camisa 
 y frente a mí 
tus papeles en la carpeta del dolor sistematizado 
No pude más que tirar de un hilo que anudé en tu mano 
en esa que todavía roza la vida.



Fugitiva 

Esta es la verdad: 
tu palabra tomó vuelo 
y se estrelló contra la pared. 

La ventana cerrada. 
La cortina verde. 

Que te quedes quieto,
                                   así. 

Que te quedes callado. 
Que sigas callado. 
La canilla llora ausencias. 
Tarantela con los dedos sobre el mantel. 

Pánico a lo que guarda el mundo tras la ventana 
hartazgo de lo que esconde  de este lado.

Que no puedas querer 
que no sepas querer 
que no quieras poder 
no justifica el televisor gritando. 

El beso de las buenas noches 
la pesadilla del estómago vacío 
                   del alma del cuarto del sueño vacío.

Pasa el rato, no hay nada... 
Sólo sé que tengo corazón cuando me agito 
y corren mis ganas de huir.


Angie Ferrero, poeta argentina (1980) - De "la soga en los pies" -Ciprés ediciones - 2012

martes, 29 de enero de 2013

Melodía puesta en las cosas

***

Esto es la música 
un músculo que transpira la calma en su fiebre
un rayo que parte una casa en su fiesta
un piano
que maúlla a las puertas de un niño viejo 
y le trae su infancia 
como flores a una virgen muerta. 

Sólo está a salvo quien conoce la música 
quien ha afinado una herida 
quien ha crujido un compás frente a las propias tumbas. 

La melodía puesta en las cosas rotas te impide morir. 

***

Olvidar o dormir 
el súbito instante 
en cuyo sueño 
se sueña la vida que jamás tendremos. 

Aquí arriba 
reina la memoria de este día 
como un dios 
que todo lo ve,
 menos a su dios. 

Allá abajo 
el animal que enterré 
se ilumina 
tan brillante como un diente de oro. 

Lo que escondí en lo la más hondo 
hoy abre sus ojos 
flota en los mares.


Laura Garcia del Castaño, poeta argentina (1979) - de "La vida en que sueñas" - Ediciones recovecos - 2012

martes, 8 de enero de 2013

Olga Orozco

Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
Amé la soledad, la heroica perduración de la fe, 
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas, 
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones, 
y también el pequeño temblor de la bujías en el anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron. 
De mi estadía quedan las magias y los ritos, 
unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor, 
la humareda distante de la casa donde nunca estuvimos, 
y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron. 
Lo demás aún se cumple en el olvido, 
aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba que se buscaba 
   en mí igual que en un espejo de sonrientes praderas, 
y la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo. 
Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo, 
en un último instante fulmíneo como el rayo, 
no en el túmulo incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada 
entre los remolinos de tu corazón. 
No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza. 
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo. 
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte 
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura 
   que los cambiante sueño,
allá, donde escribimos la sentencia: 
"Ellos han muerto ya. 
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno. 

Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento".


Olga Orozco, poeta argentina (1920 -1999) De "Las muertes" (1952) en Obra Poética-Corregidor 2007

martes, 18 de diciembre de 2012

Las cosas cantan

8

Mi hijo es perezoso.
Se preocupa por banalidades 
como yo.
Nos entendemos.
Me preocupa escribir con pretensiones,
nos preocupa cuando el gato no aparece.


19 

Yo sé que en algún lado nuestro amor existe 
como existen los esteros y los ríos. 

Ajeno a nosotros como si fuera un hijo. 
Un hijo que se fue. 
Y lo pensamos.

En algún lado, le damos nuestro cuerpo. 
Le damos todavía nuestros gestos. 
Nos preguntamos.

En nuestra memoria es tan distinto 
como cada día que tuvimos. 

Hasta podemos saborear su sangre 
como después de un puñetazo. 

Porque hoy nuestro amor no nos asiste. 

Aunque esté erigido en algún sitio 
o fluya sobre un cauce 
o se haga brasa. 


27 

Ayer a la tarde fui otra vez. 
Los gatos estaban misteriosamente blancos 
en medio de la mugre y de los pastos. 

Unas colillas, jabones, una taza.
Supe que habías estado por ahí. 

Casi pude sentir tu desolación 
como pude sentir la mía esa mañana 
en que me dejaste sola tras la puerta. 

Porque las paredes en estas horas hablan 
con una voz que nunca se derrama. 
Y las cosas, ya sabemos que no importan, 
pero están o no están, y como sea, cantan. 

Heladas o hirvientes esperan que las notes 
mientras el aire agrio te rodea. 


Carina Sedevich (1972) poeta argentina - De "Como segando un cariño oscuro" - Ediciones Llanto de mudo- 2012